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| Juan Camilo En el Facebook y en el Hi5 puse en mi mensaje personal ‘Jacobo está monitoreando a los gringos’… porque me disponía a, como casi cada cuatro años, a disfrutar, cual partido de futbol americano, las elecciones en Estados Unidos. Y es que no es como aquí donde sale alguien y dice quién ganó (aunque la última vez sí estuvo de emoción) sino que vamos viendo el marcador hasta que alguien llega a la mágica cifra de los 270 votos electorales. Disfruto también de ese discurso maravilloso de quien pierde y jamás podré olvidar el mail de John Kerry diciendo que no llevaría a las cortes la elección porque su país no podía tolerar más división. Digan lo que quieran, que si la oligarquía y no sé qué tanto que mencionan los que creen que son de izquierda (con su bello toque de resentimiento social)… pero, como bien dice mi padre, “de todos los que conozco, es el único país que nunca ha tenido una dictadura”. Aunque nos duela (por resentidos), eso es una democracia y no payasadas. Venía en el coche y escuché que, en medio de todos los enviados y payasada y media que se hizo alrededor de las elecciones americanas, hubo un accidente ahí por la Torre de Pemex en la Ciudad de México. Parecía que se había caído una avioneta… y muchos coches se incendiaron y yo me preguntaba si el accidente tendría la envergadura para robarle cámara a las elecciones americanas. ‘Sólo si venía alguien muy importante’, me dijo Vero… ‘pero MUY importante’ corrigió. Dijeron que el avión venía de San Luis Potosí y yo pensé en el Gobernador Marcelo de los Santos Fraga… a lo mucho. Y luego llegaron miembros del ejército a la zona de ‘desastre’ y a los reporteros se les comenzó a hacer raro. La noticia me dejó estupefacto. No pensé en Juan Camilo Mouriño el Secretario de Gobernación… nuestro ministro del interior, un poco como el Primer Ministro en algunos países, el Vicepresidente… sino en el sujeto de mi edad que nos recibió en una oficinita bien chiquita en ‘Los Pinitos’, como llamábamos a la Casa de Transición donde estaba el equipo de Felipe Calderón los días anteriores a la toma de posesión. Con unos zapatos horribles, que no combinaban, me sorprendió que el sujeto no tuviera una gran personalidad, un discurso encantador o algo que de inicio impactara, típico de los grandes líderes políticos. Pero no, Juan Camilo no tenía nada de esto, estatura sí, pero no gran voz… tampoco magnetismo, sí, bien plantado el muchacho, pero a estas alturas esto no basta. Pensándolo después pensé que en el equipo de Felipe Calderón no hay líderes carismáticos, son tipos –como él- detallistas, tozudos, inteligentes, estudiosos… de esos que sólo luego de un rato uno se da cuenta se la saben de todas todas, pero nunca lo revelan en primera instancia. Sencillo, habló sin levantar la voz, riendo tímidamente y hablando con orgullo de su familia. Traté de preguntarle más de futbol, sólo dijo que le gustaba jugar y que con Calderón se reunían los fines de semana para echarse alguna cáscara. Acabo de escuchar que Javier Solórzano se lo encontró en el más reciente encuentro entre Pumas y Guadalajara (Javier le va al Guadalajara) y le preguntó al Secretario de Gobernación qué hacía ahí si no estaba jugando su Cruz Azul. “Me gusta el futbol”, contestó Mouriño… y a eso había ido al estadio, a ver un buen partido, o sea, que el deporte le gustaba más de lo que sospeché. La segunda vez que lo entrevisté ya fue en Los Pinos, había sido nombrado Jefe de la Oficina de la Presidencia. La oficina ahora era del tamaño del puesto, enorme (aunque no la más padre de Los Pinos, esa la tenía Patricia Flores), nos recibió igual muy amable y los temas fueron más de gobierno, del manejo de la agenda presidencial y de la administración de la información a Felipe Calderón… se lamentó que ya no jugaban futbol porque el Presidente se había lesionado y a la hora de las fotos hizo muchos bromas con su secretario particular. “Hagan como si estuvieran trabajando” les dijo el fotógrafo… “aquí está tu renuncia” le dijo Juan Camilo a su subordinado, causando la risa de todos. La entrevista fue muy buena y son de esas ocasiones en que uno sale del trabajo pensando ‘hoy me fue muy bien’. Tengo una foto en que Juan Camilo está hablando por el famoso teléfono rojo mientras mi jefe y yo estamos esperando a comenzar la entrevista. Y tengo una segunda foto donde está el equipo del staff de Los Pinos… el primer equipo. Algo traía Max Cortázar (el jefe de comunicación de Presidencia) y entre albures y chistes, no podíamos tomar la foto. Jesús Díaz, nuestro fotógrafo en esa ocasión, logró una foto padrísima del equipo con todos muertos de la risa… poco después de que salió publicada esa revista me habló la secretaria de Patricia Flores para pedirme una copia de la foto, no la de portada donde salen todos muy guapos o incluso donde ella sale increíble… sino la de las risas. Es una gran foto. ¿Accidente por error humano? (el favorito de los constructores de aviones) ¿Error mecánico? (el favorito de los pilotos) ¿Sabotaje? (el preferido de los pesimistas) ¿Atentado? Las preguntas están en el aire. Yo sinceramente creo que el avión se desplomó por error humano, al entrar en la turbulencia del avión que lo precedía o por alguna falla mecánica… ya vernos qué dicen en los siguientes días. Y mientras los periodistas que se fueron a Estados Unidos perdieron el vivir un día de los más importantes de nuestra historia contemporánea por vivir un show que ya sabíamos en qué iba a acabar, aquí las cosas se tendrán que reacomodar. Le pasé brevemente a la televisión para enterarme que había ganado Obama, vi el excelente discurso de McCain (eso es saber perder) y una parte del de Obama (eso es saber ganar)… y luego me fui a dormir pensando en ese par de fotos. |
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